Internacionales — 23.04.2026 —
Detectan emisiones radiactivas en un submarino nuclear hundido hace más de 30 años
Investigadores identificaron fugas intermitentes en el reactor de la nave, ubicada a casi dos kilómetros de profundidad frente a Noruega.
El submarino nuclear soviético K-128 Komsomolets, hundido en 1989 frente a un archipiélago de Noruega, continúa liberando radiación, según un reciente informe de autoridades del país escandinavo. A más de tres décadas del incidente, el casco de la nave sigue emitiendo radionucleidos desde el lecho marino.
El sumergible se encuentra a casi dos kilómetros de profundidad y fue objeto de un estudio realizado por científicos de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos. La investigación confirmó que el reactor aún presenta emisiones, aunque los especialistas señalaron que, por el momento, no representarían un impacto significativo en el ecosistema marino. Sin embargo, la situación genera preocupación en la región.
El Komsomolets fue una pieza singular de la Guerra Fría: el único de su tipo, construido con una doble estructura de titanio que le permitía alcanzar profundidades inéditas para su época. Su historia terminó el 7 de abril de 1989, cuando un incendio en la sección trasera —alimentado por aire comprimido de una tubería dañada— provocó el hundimiento. De los 69 tripulantes a bordo, solo 27 lograron sobrevivir.
Durante años, el estado del submarino fue evaluado mediante inspecciones desde la superficie. Recién en 2019, un vehículo operado a distancia (ROV Ægir 6000) logró descender hasta el lugar para recolectar muestras de agua, sedimentos y organismos, además de documentar la estructura mediante imágenes y sonar.
Las cámaras instaladas detectaron fugas de radiación que se producen de manera intermitente, principalmente a través de una ventilación del reactor y de una estructura metálica cercana.
El monitoreo quedó en manos de la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega y del Instituto de Investigación Marina, que siguen de cerca la evolución de las emisiones. Según el informe, si bien el reactor liberó material radiactivo durante más de 30 años, no se observan niveles relevantes de acumulación en el entorno inmediato, ya que las sustancias tienden a diluirse rápidamente en el agua.
No obstante, persiste otro foco de inquietud: las dos ojivas nucleares que permanecen dentro de los torpedos del submarino. En 1994, Rusia realizó tareas de sellado en sectores sensibles para reducir riesgos de filtración y deterioro, y si bien se indicó que no existe un peligro inmediato, el escenario continúa bajo vigilancia.
Debido a la complejidad técnica y los altos costos que implicaría su recuperación, las autoridades optaron por mantener el submarino en el fondo del mar, bajo control permanente.







