Internacionales — 09.02.2026 —
Bad Bunny impactó con un show bien latino en el entretiempo del Super Bowl
El artista puertorriqueño fue la figura central del espectáculo de medio tiempo y compartió escenario con Lady Gaga y Ricky Martin. Fue un repertorio cargado de identidad latina, que también tuvo referencias al debate migratorio en EE.UU.
El show de medio tiempo del Super Bowl volvió a convertirse en uno de los eventos televisivos más comentados del año, pero esta vez el interés excedió lo estrictamente musical. La presentación de Bad Bunny concentró la atención no solo por su impacto artístico sino también por el trasfondo político que rodea al cantante puertorriqueño, uno de los críticos más visibles de la política migratoria del presidente estadounidense Donald Trump.
El espectáculo comenzó a las 22:20 (hora argentina) con “Tití me preguntó”. Vestido de blanco y con una puesta en escena imponente, Bad Bunny desplegó un repertorio que incluyó “Yo perreo sola” y “Voy a llevarte para P.R.”, acompañado por figuras latinas invitadas. Uno de los momentos destacados fue el homenaje a clásicos de la música puertorriqueña, entre ellos “Gasolina”, de Daddy Yankee.
La primera gran sorpresa llegó con la aparición de Lady Gaga, quien interpretó una versión en clave salsa de “Die With Smile”. Más adelante se sumó Ricky Martin para cantar “Lo que le pasó a Hawaii”, uno de los temas con mayor carga política del último álbum del artista. El tramo final tuvo un marcado tono latinoamericano: mientras sonaba la canción que da nombre a su último disco, el cantante mencionó a distintos países de la región rodeado de banderas, en una escena cargada de simbolismo.
La elección de Bad Bunny como figura central del espectáculo había generado polémica desde que fue anunciada por la NFL. El músico ha cuestionado en reiteradas oportunidades el accionar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y se ha manifestado en defensa de las comunidades migrantes. Incluso decidió no incluir a Estados Unidos en una de sus giras por temor a posibles redadas en las inmediaciones de sus conciertos.
Desde el entorno del presidente Trump no tardaron en llegar críticas hacia el artista, mientras que el propio mandatario restó importancia a su figura y cuestionó la decisión de convocarlo. En ese contexto, su presencia en el evento deportivo más visto del año —que en su edición anterior superó los 130 millones de espectadores— adquirió una dimensión que trascendió la música.
Con una audiencia global pendiente de cada gesto, Bad Bunny convirtió el escenario del Super Bowl en una plataforma artística y simbólica, combinando espectáculo, identidad cultural y mensaje político en uno de los espacios de mayor visibilidad de la televisión estadounidense.







